De la anestesia a la presencia: Recuperar la soberanía de sentir.
Hablemos de meditar.
A menudo nos venden la meditación como un refugio: un lugar para escapar del ruido, poner la mente en blanco y, con suerte, no quedarnos dormidos en el intento. Si alguna vez lo lograste, te felicito, pero para la mayoría cerrar los ojos para «no pensar» solo aumenta la ansiedad por pensar más.
Esto es porque sigue faltando considerar la pieza clave: el cuerpo.
Con frecuencia, la meditación ha sido una herramienta buenísima para despertar conciencia. Pero, para mí, la meditación es una recalibración profunda con nuestra frecuencia origen. Es decir, no es solo para activar conciencia, sino que también es para recordar que somos energía encarnada en un cuerpo humano; y que esa energía tiene una vibración específica que usamos para experimentar todo lo que nos ofrece la vida.
Velo así: Si miráramos el cuerpo como lo que es, una antena, un instrumento de vibración, y saliéramos del muy bien entrenado patrón de anestesia diaria —ese que nos mantiene el cansancio silenciado con café, o la angustia con pantallas, o la frustración y resignación con exceso de redes sociales—, podríamos reconocer la intensidad de nuestra propia sensibilidad hacia el placer, el deseo y la intuición, en lugar de querer apagar el cuerpo para dejar de sufrir.
Aquí es donde entra la meditación como práctica para «desempetrolar» incluso el cuerpo poniendo en marcha un proceso fisiológico que despeja el sistema nervioso de adrenalina y tensión acumuladas, lo calibra y lo sosiega. Es decir, como herramienta para volver a habitarte bajando estrés y aportando quietud, claridad y bienestar.
Como todo lo que queremos que dé resultado, la meditación requiere de práctica para que la experiencia deje de ocurrir solo en la teoría y traspase tu biología entera, vibrando en cada una de tus células.
Dicho de otro modo, existe una diferencia abismal entre entender intelectualmente que tienes estrés y comprender cómo esa frecuencia de supervivencia (estrés) está drenando tu día a día, tu vitalidad y tus decisiones. La profunda comprensión nace de ti mismo tomando conciencia a través de la sensibilidad de tus sentidos.
Sé muy bien que muchas personas se sienten saturadas de la gran cantidad de información, prácticas y recetas vacías que hay allá afuera sobre “espiritualidad”. Por eso te comparto mi mayor certeza: no hay práctica espiritual más expansiva para incluir en la vida cotidiana que la meditación, y ninguna mejor que la que te lleve a conectar hacia adentro, pero a través de los sentidos. Te invito a pasar de la teoría y lo exclusivamente mental a la verdad del cuerpo entero, íntegro.
Porque tu vida no cambia solo porque pienses distinto; tu vida cambia porque logras sostener una frecuencia distinta también con tu cuerpo. Cuando cambias tu estado vibratorio y conectas desde tus sentidos, el mundo que proyectas simplemente ya no puede ser el mismo.


